Historia

IGLESIA PARROQUIAL DEL SAGRARIO

Al costado de la catedral, formando con ella y con el palacio Arzobispal el solemne marco este de nuestra tradicional Plaza de Armas, se yergue la iglesia parroquial del Sagrario. Este pequeño templo, que guarda las partidas de bautizo, de matrimonio y de defunción de la mayor parte de los prohombres limeños del pasado, está constituido por una sola nave cubierta por una bóveda de cañón corrido que termina en una pequeña cúpula, apoyada sobre pechinas, como centro de un crucero de brazos muy cortos.

Contiene este templo, además de su altar mayor, cinco retablos dedicados a San Cristóbal, San Miguel, Nuestra Señora de las Aguas, Nuestra Señora del Carmen, así como el baptisterio que no tiene altar .

En el espacio ocupado actualmente por esta capilla, el alarife Hernán Gutiérrez de Ulloa construyó en 1577 una sala capitular, que tenía una larga galería con vista sobre la plaza mayor, en la que funcionaba el Cabildo Eclesiástico. En esta primitiva sala se celebraron los más importantes Sínodos y Concilios Provinciales, en los que se creó la estructura del gobierno eclesiástico del Perú.

Posteriormente, por cedula real del 9 de junio de 1644, se ordena construir un “Sagrario” al costado de la Catedral en ese mismo lugar. Al respecto, el 8 de mayo de 1653, el arzobispo informa al rey que el Sagrario, que pretendía levantar la cofradía del Santísimo, se construiría al costado de la catedral “derribando la sala que se había hecho para la Contaduría, arrimado a la obra de la iglesia, con la puerta principal que caerá en la plaza, otra puerta a un lado que caerá en al cementerio y asimismo con otras dos puertas que se le an de dexar a los lados de la testera que saldrán al corral de los Naranjos que ay entre la iglesia y mi casa”. Todavía una segunda real cédula, firmada en Fraga el 9 de junio de 1654, insiste en la necesidad de construir la iglesia del Sagrario. Otra carta informativa del arzobispado al rey, fechada el 12 de julio de 1657, en la que le informa sobre el estado de la construcción de la catedral termina diciendo:”…y lo que más es menester, después es hacer desde cimientos un cuerpo de iglesia que suele llamarse Sagrario, que sea competente para administrar los sacramentos y enterrar a los parroquianos y que según el maestro mayor de la fábrica, fray Diego Maroto, podría costar 200,000 pesos”.

Por fin casi 20 años después, el 6 mayo de 1663, el virrey coloca la primera piedra de la iglesia del Sagrario llamado “San Juan ante Portam Latinam”, por conmemorarse en el día ese episodio religioso, para construirse de acuerdo al proyecto realizado por el arquitecto dominico fray Diego Maroto, maestro mayor de la fábrica de la Catedral. Para realizar esta obra, la cofradía del Santísimo, cuyo mayordomo era Pedro de Valdés, demolió la sala de Contaduría, ex –sala capitular del cabildo eclesiástico.

Dos años después, el 23 de abril de 1665, estaba el Sagrario “levantado 12 varas y media (10.45 mts.) de alto, haziendo las cornisas, para cubrirle de bóveda de ladrillo y cal, que de este material es toda la fábrica, excepto los cimientos que hasta la haz de la tierra son de cal y canto, con cuatro varas (más o menos 3.34 mts.) de fondo y otros tantas de ancho, en que se an gastado asta este día 55,000 pesos”. Un año y medio después, el 20 de octubre de 1666, el maestro de arquitectura Constantino de Vasconcelos, autor de los planos de la nueva iglesia de San Francisco, emite un informe técnico de la obra del Sagrario haciendo una serie de recomendaciones. Y por último, el 21 de enero de 1681 el arquitecto mercedario Cristóbal Caballero, autor de la bella portada de la iglesia de La Merced, inicia la hechura del retablo para el altar mayor de aproximadamente 22 varas de alto por 12 de ancho.

El 20 de octubre 1687 se producen dos terremotos muy fuertes a las 4 y 6 de la mañana que, a pesar de destruir casi totalmente la ciudad y matando a más de 5,000 personas, dejó al Sagrario en pie, por lo que sirvió para celebrar los oficios religiosos hasta la reinauguración de la Catedral el 7 de diciembre de 1697. Durante el año siguiente el poco daño producido por el sismo va a ser reparado por el arzobispo Melchor de Liñán y Cisneros de su propio peculio. Es por esta razón que esta iglesia contiene el retablo –sepulcro de tan distinguido prelado a partir de 1708, año en que se produjo su fallecimiento.

En 1711 se produjo el robo del sacrílego de la píxide de esta iglesia parroquial que luego se le halló, conteniendo todas sus hostias, al pie de un árbol al costado de la Alameda de los Descalzos. Este episodio conmovió profundamente a la ciudadanía limeña, razón que llevó a los fieles a construir la capilla de Santa Liberata en ese lugar del barrio del Rímac.

Después del destructor terremoto de 1746, a mediados de diciembre del mismo año, el maestro de obras Pedro Ramírez es llamado, junto con los alarifes Cristóbal de Vargas y Santiago Rosales, para examinar la capilla del Sagrario y decir si estaba en estado de reconstruirse y su costo, que estimaron en 61,000 pesos. No habiendo tanto dinero se optó por hacer una construcción provisional de materiales ligeros por solo 7,000. Recién 12 años después, es decir en 1758, el maestro mayor de las obras Alonso de Rivera inicia la reconstrucción del Sagrario, ayudado por albañil Pedro Matamoros y el oficial Francisco de Céspedes. El 19 de marzo de 1791 se inauguró el nuevo templo, conduciendo procesionalmente desde la Catedral su custodia. Esta joya, cuya confección duro 7 años, se había encomendado inicialmente al platero Néstor Dávalos, aunque la terminó el platero José Palomino. Tenía de alto dos varas y 12 pulgadas y su pie y base tenía 44 marcos de plata. En el sol y en las piezas que adornaban la píxide entraron 67 libras y media de oro, y el número de piedras, entre topacios, diamantes y perlas engastadas, llegaba a 7,200.

El templo así reconstruido fue cercenado en su parte frontal para darle el mismo alineamiento de la Catedral en 1896, con lo que además se le cambio su clásica fachada por una pobre imitación de barroco limeño. Afortunadamente, durante su rehabilitación, luego del terremoto de 1940, el tantas veces citado arquitecto Emilio Harth-Terré le restituyo su pétrea fachada original. De esta manera el conjunto religioso monumental de ese frente de la Plaza Mayor de Lima ha podido lograr la belleza y la majestad que tan importantes monumentos nacionales de nuestro patrimonio merecen.

*-Javier Prado Heuderbert. Lima, Arquitectura y Escultura religiosa virreinal, Lima 1996, p. 26.


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